Patrimonio Intangible
Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos
Obra maestra del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad
Proclamación 2003
Descripción
Con la fiesta del Día de los Muertos, tal como la practican las comunidades indígenas, se celebra el retorno transitorio a la tierra de los familiares y seres queridos fallecidos. Esas fiestas tienen lugar cada año a finales de octubre y principios de noviembre. Este periodo marca el final del ciclo anual del maíz, que es el cultivo predominante en el país.
Para facilitar el retorno de las almas a la tierra, las familias esparcen pétalos de flores y colocan velas y ofrendas a lo largo del camino que va desde el cementerio al hogar. Se preparan minuciosamente los platos favoritos del difunto y se ponen alrededor del altar familiar y de la tumba, en medio de las flores y de objetos artesanales, como siluetas recortadas en papel. Estos preparativos se realizan con particular esmero, pues existe la creencia de que un difunto puede traer la prosperidad (por ejemplo, una abundante cosecha de maíz) o la desdicha (enfermedad, accidentes, dificultades financieras, etc.) según le resulte o no satisfactorio el modo en que la familia haya cumplido con los ritos. Los muertos se dividen en varias categorías en función de la causa del fallecimiento, edad, sexo y, en ciertos casos, actividad profesional. Se atribuye un día específico de culto para cada persona fallecida según la categoría a la que pertenezca.
El Día de los Muertos, que es el testimonio de una gran riqueza espiritual y artística, ocupa un lugar importante en la vida cotidiana de las comunidades indígenas y presenta una dimensión filosófica original, tanto de la vida como de la muerte. Esta fusión entre ritos religiosos prehispánicos y fiestas católicas reúne dos universos diferentes y permite un sincretismo cultural entre el pensamiento indígena y la ideología importada por los europeos en el siglo XVI. Este encuentro anual entre los pueblos indígenas y sus ancestros cumple una función social considerable al afirmar el papel del individuo dentro de la sociedad. También contribuye a reforzar el estatuto político y social de las comunidades indígenas de México que luchan para preservar su identidad cultural.
